Ver una película NO es sinónimo de “quiero que me folles”

Tenía 15 años, estaba en 4º de la ESO, en un aula en el que la mayoría eran dos o tres años mayores que yo. Los “repetidores” me integraban en sus bromas, en sus escapadas al baño a fumar, en sus burlas a otros compañeros. Yo no quería formar parte de ese grupúsculo, pero no tenía la suficiente fuerza como para ir contra ellos, así que me mantenía al margen.

Nos mandaron hacer un trabajo de ética en grupos de 4 personas, yo me puse con tres de ellos, dos chicas y un chico. Javi -el chico del grupo- me mandó un mensaje para que fuera a su casa a hacer el trabajo esa misma tarde. Cuando llegué, estábamos el y yo solos. Me dijo que Sandra y Raquel no podían venir, que lo hiciéramos nosotros. Subimos a la boardilla. Nos sentamos en un sofá situado en frente de una mesa de escritorio. Nos pusimos a hacer el trabajo. No pasaron ni 15 minutos cuando me propuso ver una peli y luego continuar.

Yo -que por aquel entonces pensaba mil y una vez antes de decir Si o no (y nunca lo decía con contundencia) para no molesar a la otra persona con mi libre decisión de hacer lo que me diese la gana- acepté vagamente la propuesta.

El a mi derecha mirándome, yo mirando la pantalla, el se acerca a mi, yo me quedo paralizada, me besa, me pongo nerviosa, me gira la cabeza, le sigo el beso, me toca, me aparto, sigue besándome, el cuello, el pecho, me estremezco, tiemblo. Sus manos en mi pecho bajando lentamente por mi cuerpo, por todo mi cuerpo. Le pido por favor que pare. Sigue intentando encontrar reciprocidad. Finalmente para y yo me voy de su casa.
6 años después me atrevo a contar por primera vez esto, consciente de que no lo hice antes por miedo a que me culpasen por mi ingenuidad a la hora de ir a su casa, por no saber decir que NO cuando nunca nos han enseñado a hacerlo, por miedo a que, una vez mas la historia diese una vuelta de hoja y esa hoja me apuntase a mi y no a el. Lo que antes no sabia es que las personas socializadas como mujeres vivimos diariamente estas continuas expresiones de nuestra opresion, que no somos culpables de estos hechos, y que el único culpable es el sistema patriarcal y todos los hijos sanos, que no locos, del mismo.

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