Acoso en el tren

Hace un par de meses cuando aun no había cumplido los 19, me encontraba camino de la universidad en el tren que cojo todas las mañanas.
Estaba leyendo un libro y con los cascos puestos a pesar de ello me percaté de que en una de las paradas se subió un hombre que me miraba muy fijamente.Ya había vivido ese tipo de situaciones en las que un desconocido me mirase mucho pero la expresión de su cara me aterrorizó de verdad, me hizo sentirme desprotegida e incomoda.
Dejé de leer y continue el trayecto tan solo escuchando música y sin dejar instintivamente de controlar a ese hombre que desde que se subió en el vagón no dejaba de mirarme. Llegué a pensar que me estaba enparanoyando y que a lo mejor eran imaginaciones mías. De repente el hombre comenzó a cambiar gradualmente de asiento de forma que pudiese contemplarme mejor. No había un segundo que le mirara y él no me estuviera mirando. Comencé a ponerme nerviosa. Desafortunadamente las dos personas que se sentaban justo en frente mía se bajaron en la siguiente parada y el hombre, sin dudarlo, ocupó sus asientos.
No sabía predecir qué, pero estaba segura de que algo iba a hacerme.

Dirigí mi mirada hacia la ventana, paralizada por la tensión de aquella situación y fue entonces cuando el hombre se acercó a mí y restregó sus manos por mis muslos lentamente.
Entré en shock, intente contactar con algún compañero que estuviera en el mismo tren pero apenas podía mover las manos para escribir un mensaje. Me cambié de asiento a otro en el que había un señor de mediana edad, como si eso me hiciera sentir más “protegida”. Decidí que me bajaría del vagón en la siguiente parada, a pesar de no ser mi destino, y predeciblemente en cuanto me levanté, el acosador siguió mi trayectoria. Mientras esperaba a que se abrieran las puertas del tren temblando sin apenas poder sacar mi bono transporte el hombre se acercó a mi por detrás, podía sentir su cuerpo rozándome  y la poca gente que había en el vagón mirando descaradamente para otro lado.
En cuanto se abrieron las puertas corrí todo lo que pude hasta la estación de metro más cercana. No me sentía a salvo ni siquiera podía llorar ni hablar con el personal de seguridad para explicar lo que me había pasado. Fue cuando conseguí llegar a la universidad cuando rompí a llorar.

A partir de entonces procuro no viajar sola y si lo hago siento inseguridad y temor a tener que volver a enfrentarme a una situación así. Es realmente triste que por culpa de la sociedad patriarcal en la que nos encontramos tengamos que pasar por este tipo de situaciones de acoso y que en caso de que le hubiera denunciado, habría salido totalmente impune.

 

-Enviado por e-mail. Anímate a compartir con nosotras tus testimonios en relación al acoso que sufrimos todas diariamente.-

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