Enfermedades patriarcales.

Mi historia comienza cuando sólo tenía 11 años, yo era una niña, hasta que en el colegio comenzaron a meterse conmigo. Estaba gordita y no era para nada prototipica. Las que eran mis amigas comenzaron a rechazarme llamándome “gorda” y metiéndose conmigo constantemente e incluso hicieron un dibujo de mí en el que me humillaban y lo pusieron en el corcho de la clase.  Jamás he sentido tal humillación.

Ahí comenzó el odio a mi misma, la autodestrucción.

Mi paso al instituto no mejoró la cosa, acomplejada y con miedo, era como “un corderito en una jaula de leones”. Los dos primeros años fueron lo peor de mi vida, me pusieron aparato en la boca, lo cual fue un motivo más de burla. Aumentaron mis complejos, y comencé a provocarme los vómitos, no lo hacía regularmente pero lo hacía, me daban ataques de ansiedad en los que corría a meterme los dedos en la boca, a soltar todo creyendo que así se iría también el odio interno. Pero no, el odio aumentaba y comencé a hacerme cortes. No recuerdo cuando ni porqué sólo recuerdo que era la única vía de escape que tenía, cientos de cortes en mis brazos, piernas, tripa… En casi todo el cuerpo. Escapé de mi control. Lo único que me movía era el odio.

Vivía ocultando lo que me pasaba a mi familia y a mis amigues, pero era imposible. Mis amigues intentaban ayudarme, pero toda ayuda era en vano, nadie podía hacerme cambiar mi visión de mí. Estuve varios años cayendo y saliendo de esto, vivía escasos momentos de alegría y largas depresiones.

Pasé varios años así hasta que llegué al el precipicio y justo en el momento en el que me veía caer en la bulimia definitivamente y hundirme en la depresión, cuando me vi perdiendo todo lo que quería y autodestruyendome cada vez más, justo en ese momento vi que yo no deseaba eso, ni lo merecía, que nadie me diría más como es la perfección, como es la belleza, que nadie más, ni si quiera yo, me haría volver a sentir que no merezco lo que tengo o que no merezco que me quieran.
Comencé a trabajar para salir de ahí, empecé a ser feliz.
Esta historia todavía no tiene punto y final pues el trabajo para desechar las ideas patriarcales sobre la “perfección” y la belleza prototipica es largo y tedioso pero sé que lo conseguiré, podré poner punto y final de una vez y comenzar otro capítulo de mi vida con una sonrisa.

 

-Recibido por e-mail. Anímate a compartir con nosotras tus testimonios en relación al acoso que sufrimos todas diariamente. Correo: cz.eissner@gmail.com –

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