Nuestro cuerpo es un campo de batalla

Somos las mismas que cuando teníamos 5 años íbamos a la playa en bragas, sin taparnos las tetas, las mismas que meábamos en una roca y nadie se escandalizaba, las mismas que gritábamos “me hago caca” y nadie nos juzgaba. Pero en cuanto te sangra el coño y tienes la capacidad biológica para cumplir tu función como lo que eres, olvídate de no taparte el cuerpo (objeto) ya que no es más que una provocación para ellos (sujeto), quienes van a dejar SIEMPRE claro en que posición estás tu y en que posición están ellos.
Y sino date un paseo por una playa (por ejemplo) a cualquier hora, cualquier mujer que no lleve sujetador será observada, juzgada, comentada e incluso tocada. Es impensable que pase lo mismo con ellos ¿no? Ellos van sin sujetador todo el tiempo ¿les decimos nosotras algo de sus tetas? Pues que dejen ellos en paz las nuestras que ni les hemos pedido opinión, ni la queremos.
Que pasa cuando tenemos la regla y nos convertimos en objeto de deseo para que no podamos expresar nuestras necesidades fisiológicas? si, tengo coño, si, tengo tetas y SI, cago, meo y me sangra el coño. E incluso a veces hasta meo, cago y me sangra el coño a la vez.

Nosotras poseemos un cuerpo que no nos pertenece porque es moldeado por la sociedad. Se nos hace ser cuerpo (objeto) pero se nos desposee de el.

“Necesito el feminismo porque en este sistema mi cuerpo no es mio.”

Ellos son activos
Nosotras somos pasivas
Ellos son cuerpo y mente. Cuerpo en riesgo, mente activa.
Nosotras somos cuerpo. Cuerpo procreador, cuerpo como objeto de deseo.
Ellos son sujeto.
Nosotras somos objeto.

Ellos son el sujeto activo que se impone sobre nosotras, que somos objeto pasivo que vive por y para ellos.

Desempeñamos el rol de cuidadoras de otros cuerpos menos del nuestro. No nos dedicamos tiempo, no nos cuidamos, no nos queremos.
Nuestro papel reproductor debe desempeñarse en una edad ni muy temprana (porque entonces no servimos adecuadamente como objeto de deseo, que lo da nuestra juventud. Las mujeres mayores dejan de ser socialmente mujeres), ni muy adulta (porque se nos pasa el arroz.)
Adaptamos nuestros ritmos a sus ritmos capitalistas. Somos capaces de ir a trabajar aún muriéndonos de dolor de ovarios (por ejemplo) porque si no produces, no sirves.
Somos por imposición heterosexuales.
No debemos disfrutar de nuestra sexualidad porque si lo hacemos somos unas putas.
Tenemos etapas en nuestra vida en las que nos falla la estabilidad emocional y entonces nos da por la promiscuidad o el lesbianismo.
Debemos ser complementadas por un hombre, a ser posible más mayor que nosotras, para que la jerarquía no sea únicamente de género, sino también cronológica.
No podemos expresar nuestras necesidades fisiológicas porque dejaríamos de ser femeninas, elegantes.
Nuestro cuerpo es frágil, no podemos desempeñar labores “de hombres”, o deportes de riesgo, no sea que se nos quede alguna cicatriz que nos dificulte ser ese objeto.
El cuerpo de ellos es socialmente un campo de batalla ¿y el nuestro?

Estamos hasta el coño de no poder sangrar, oler, cagar, mear, follar, tener pelos, hablar de sexo y comernos el coño entre nosotras.

Nos han desposeído de todo para hacerlo suyo. No nos dejan ser nuestras. Nuestro cuerpo es nuestro campo de batalla porque nuestro cuerpo es nuestro.

L.

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