Violaciones

Quedamos, nos emborrachamos, estuvimos hablando de mil y una cosas, debatiendo y charlando. Empezamos a tontear. Nos besamos. Yo estaba cansada y el me ofreció ir a dormir a su casa. Accedí.
Llegamos y me abrió la cama de debajo de la suya. Me quité los pantalones, entonces el me tumbó y se puso encima. Empezó a penetrarme. Yo no quería, pero no se lo dije. Tampoco le dije que si, simplemente me quedé en silencio y me dejé.

Una y otra y otra vez. Mirando al techo, pensando que no quería hacerlo, pero sin que me saliesen palabras para decirle que se quitase. Solo quería que acabase rápido.
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Gemía sin mirarme.
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Seguía.

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Se me hacia eterno.

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Por fin se corrió y se durmió. Yo me quedé pensando en todo lo que había pasado, sintiéndome mal pero sin saber por que.
Después de 3 años y con la ayuda de ellas le doy nombre a esto, lo clasifico, lo defino y lo sigo repudiando, pero ahora sin culparme por no haber dicho que NO, porque mi silencio nunca fue un SI, sin culpa por no haber querido volver a ver a aquel amigo porque me daba (y me da) asco y no sabia como decírselo. Sin culpa de nada porque la culpa es de quien no te tiene en cuenta. Y con rabia por saber que esto pasa todos los días y que nos ha pasado a casi todas nosotras.

Penetrazion Sorpressa

Algunos testimonios de lo ocurrido ayer en particular y lo que viene ocurriendo en general con este grupo y los centros sociales que invisibilizan su machismo:

Tam – 14 de Marzo del 2015

Hoy, 14 de marzo, algunas personas del movimiento transfeminista de Madrid, hemos sabido que el grupo de música punk Penetrazión Sorpessa actuaba en el E.K.O. de Carabanchel esta misma tarde, aún habiendo sido vetados en varios CSO de distintas ciudades, por letras de canciones como ‘Zorra Cadaver’ o ‘La puta de tu hermana’:

“Una vieja prostituta fue arrojada a la cuneta […] ¡Zorra Cadaver! Al instante mi polla de su boca saqué, y de un golpe seco la aparté. […] Al poco tiempo, volví a enterrarla, así nunca más podría mamarla”

“Me la camelé, con ella me lo curré y luego la muy puta, me dejó en la puta mierda […] detrás de ella estaba y cuando se la fui a meter me dijo: nooo, He dejado de creer en la puta de tu Hermana”

Sin contar con que el propio nombre de la banda, Penetrazión Sorpressa (no significa otra cosa que violación) es una muestra clara de la línea machista de este grupo.

Ante esto, un grupo transfeminista, hemos acudido al concierto en la E.K.O. para dar respuesta por seguir tocando en espacios supuestamente libres de violencias heteropatriarcales.

La acción ha consistido en gritar consignas como “ Con traje o con cresta, tu agresión tendrá respuesta” y después del abucheo del público, hemos lanzado al grupo meado y bragas con sangre de regla. Inmediatamente el público afín a Penetrazión Sorpressa se ha abalanzado sobre nosotras insultándonos, acorralándonos, y agrediéndonos físicamente, mientras el concierto seguía.

Finalmente, nos consiguieron echar del espacio a empujones.

Exigimos que los espacios que se planteen dejar tocar a Penetrazión Sorpressa se posicionen y se responsabilicen, ya que la banda no lo ha hecho, después de muchas críticas y conciertos cancelados.

Ellos siguen defendiendo que no son machistas, pero no vamos a permitir este tipo de actitudes que legitiman y perpetúan la violencia contra nosotras.

C. 15 de Marzo del 2015

Ayer, como explica Tam, después de una lucha constante y continuada de informar a los espacios en los que iba a participar este grupo de la peligrosidad del mismo para nuestra lucha, nos enteramos horas antes de que Penetrazion Sorpressa va a tocar en la E.K.O. de Carabanchel, a pesar de que el cartel que proporcionan este:

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Un grupo de 16 transfeministas decidimos dar respuesta y acudimos realizando una acción directa tirando pis con sangre y bragas manchadas de regla a la cara de los agresores, recibiendo agresiones físicas como respuesta por parte de las personas allí presentes. Como cuenta Tam, nos consiguieron echar del espacio.

Tras esto nos cuentan por la noche unas compañeras que estaban en la ESOA La Dragona, que Penetrazión Sorpressa está cantando a grito de “en la puta vida somos machistas e hijos de puta los que nos señalen” . 

Ante esto, yo me pregunto ¿a qué estamos jugando? Sería impensable que un grupo nazi jugase al escondite con lxs antifas para cantar en centros sociales y no tener respuesta, pero no son nazis, son machistas, y claro.

Es obvio que a estos susodichos les importa una mierda nuestra voz, nuestra reivindicación y por supuesto, nuestra lucha. Es obvio que los centros sociales en los que participaron ayer están respaldando esto a sabiendas de lo que existe detrás, y también es obvio que ESTAMOS HARTAS de que perpetúen nuestros asesinatos, violaciones y maltratos. Pero como hemos dejado claro y así seguirá siendo, estamos juntas, contra la represión del Estado y contra la represión de los que dicen luchar contra el mismo. 

Melow

Escribo para señalar una serie de actitudes patriarcales por parte de Melow que no han sido revisadas y se repiten reiteradamente. No estoy hablando de comportamientos aislados si no de un intento de anulación que considero necesario visibilizar de cara al resto de mujeres. No soy ni la primera ni la última y mucho menos tratándose de una persona que miente constantemente y maquilla su machismo siendo perfectamente consciente de este. Las autocriticas no son reconocer lo que has hecho según la situación, se demuestran día a día, actuando en consecuencia y desde luego no cayendo en lo mismo que se le ha señalado en varias ocasiones.

De la misma manera que cuando señalo opresión lo hago con el objetivo de revisión tanto con él como con todas las personas de mi cítculo. Quiero resaltar que aunque no sea mi deber ni como mujer ni como feminista, he hecho pedagogía con el muchísimas veces hasta que ha acabado con mi paciencia al repetir casi todas las cosas que habían sido señaladas previamente aunque las reconociese en su momento.
Dicho todo esto sus actitudes son las siguientes:

  • Coaccionarme evitando tratar temas que le cuestionan como agresiones pasadas que intenta ocultar y justifica desacreditando a las compañeras que le señalaron en su día.
  • Enviar conversaciones privadas y hablar sobre mi formación y mi trabajo político para desacreditarme y buscar apoyos
  • Tratarme como una loca y una exagerada insinuando que me invento sus agresiones varias veces después de haber sido señalado por ello.
  • Aleccionarme sobre mi opresión y rebatir mis criticas ejerciendo su privilegio masculino.
  • Imponerme el tiempo y los modos en los que señalar sus agresiones.
  • Insinuar que en mi espacio político no van a escucharme porque él es hombre intentando desempoderarme y silenciarme.
  • Victimizarse y justificarse cada vez que le señalaba.
  • Mentirme sobre una organización de la que es exmilitante y sobre compañeras de esta para manipularme y silenciarme.
  • Culpabilizarme para garantizar sus privilegios en varias ocasiones después de haber sido señalado, además de usar sentimentalismo y chantaje emocional.
  • Hablar en mi nombre después de advertirle que no se le ocurriera en varias ocasiones también, además infantilizándome y victimizándome cuando es perfectamente consciente de que en ningún momento me he callado ninguna agresión suya.
  • Instrumentalizar la lucha feminista para lavar su imagen pública cuando reproduce conscientemente lo mismo que denuncia.
  • No respetar mis análisis políticos e intentar convencerme de que son erróneos fomentando las inseguridades y el desempoderamiento patriarcal en el que somos educadas las mujeres.
  • Valorar y evaluar sus agresiones e intentar amoldar mis críticas en función de sus privilegios.
  • Acusarme de agresora desde su pedestal de privilegios por defenderme del acoso que él ha provocado.
  • Utilizar su privilegio de hombre para contar su versión sesgada de sus comportamientos machistas conmigo a mujeres a las que yo iba a acudir buscando su respaldo para aislarme otra vez.
  • Cosificarme tanto a mí como al resto de mujeres a las que utiliza según su conveniencia y su satisfacción.

Silenciar, invisibilizar y no posicionarse con respecto a agresiones machistas aunque vengan de “compañeros” nos debilita, nos desempodera, nos aisla y garantiza el orden social patriarcal contra el que luchamos.

Ninguna agresión sin respuesta, ningún agresor sin señalar.

Monogamia

Leyendo las vivencias de otras mujeres me he decidido a escribir la mía:
Empezó como todo lo que empieza, siendo todo perfecto y claro, siendo una relación monógama. Él se preocupaba por mí, me cuidaba… mucho amor sí. Pero comenzaron los celos por su parte, salir de fiesta con mis amigas suponía un problema y discutíamos.”No quiero perderte” a mí no me interesaba salir a conocer a ningún chico, solo salía a pasármelo bien, pero me sentía culpable si algún chico me entraba aunque yo no le hiciera caso. Y si se lo contaba, por que él me preguntaba, recibía un “ya te lo dije, sabía que iba a pasar, otros pueden ver lo que he visto yo en ti”. Me sentía fatal, pero no era mi culpa aunque entonces creía que sí.

Cada vez quedaba más con el y menos con mis amigas, porque me decía que quería estar conmigo y parecía que yo no sentía lo mismo. Cualquier chico con el que pasara tiempo “quería algo conmigo” por que sí, porque él omnipotente sabía lo que pensaban todos, y dejaba de hablar con ellos (sobre todo de fiesta, que no se me ocurriera hablar con ninguno porque estaba tonteando y provocando).

Comencé a agobiarme, no quería pasar tanto tiempo con el y me lo reprochaba, me agobiaba, no quería besarle y se enfadaba haciéndome sentir todos los días una mierda y me harté. Tanto me quería para él y solo para él que rompí la relación.
Entonces me sentía fatal, el lloraba y yo también, “ya estoy cambiando”. Cuando me lié con otro chico me puso de puta para arriba y así me llegué a sentir, encima sus amigxs me criticaban.

Volví con el, y todo empezó bien de nuevo. Pero si la primera vez ha ido mal no va a cambiar porque eso no pasa. Comenzó a agobiarme de nuevo, a reprocharme el no querer follar si no me apetecía. Me convirtió en alguien como él, empecé a tener celos y odiar a quién hablase con el. Al final de todo esto y por resumir, se lió con otra. Lo justificó diciendo que veía que ya no sentía lo mismo por el y que ella le hacía sentir que si le gustaba.

Después de pasarlo fatal y una relación tóxica de demasiado tiempo que me alejó de mis amigas, estoy mejor que nunca. Pudiendo hablar con quien quiera, sin un tío al que darle explicaciones. Nos han hecho sentir que necesitamos a alguien para estar bien y no es así.
Mucho mas sano es tener algo con alguien, chico en mi caso, esporádico donde nos lo pasamos bien y sin ataduras, estando ambos abiertos a conocer a quien sea, aunque socialmente eso no este muy aceptado y reciba criticas de amigas y de todos lados.

Anónimo – Recibido por e-mail. 

Agresores y complices

Un día de verano a las 9 de la noche mientras esperaba a un compañero en la salida de Atocha Renfe se me acercó un joven.

Bajo la atenta mirada de las distintas personas que se encontraban ahí, el chico empezó a hacerme diferente preguntas como ¿Tienes novio? ¿Cómo te llamas? ¿Va a venir tu novio ahora? . Mientras formulaba esas incómodas preguntas y yo le respondía con un: y a ti que te importa, se empezaba a acercar a mi, tanto (intentando susurrarme al oído) que me obligaba a apartarme. Le amenacé con pegarle una hostia si continúaba con su agresión y eso pareció gustarle aún más. Empezó a decir lo guapa que era y lo mucho que yo le gustaba. Decidí ignorarle por completo cuando entonces continuó: me pedía mi número de teléfono, me invitaba a ir con él, intentó acariciar mi pelo en varias ocasiones. Una de las veces que lo intentó, le advertí por última vez que como se acercara un paso más a mi le pegaría la hostia que llevaba rato deseando darle. Entonces me dijo que si no quería irme con él se iría y en un par de segundos me agarró una teta (como el que agarra una pelota desestresante), intenté engancharle para pegarle en cuanto note que me puso la mano encima, pero él salió corriendo. Después no pude correr detrás porque me quedé en estado de shock, sin entender qué había pasado y observando como todo el mundo me miraba. Las personas que se encontraban allí en las puertas de la estación (que no eran pocas) se quedaron mirandome fijamente durante bastante rato sin decir ni una palabra. No solo me sentí acosada por aquel joven, también por la mirada atenta de aquellas personas. Otro hombre que había estado al lado mío durante todo el acoso observando la situación (que duró más de 5 minutos) tan solo se digno a soltar un: ¡qué fuerte!, y continuó leyendo su periódico.

Si permites el acoso, eres cómplice del agresor.

-Anónimo-

No solo duelen los golpes 2

Hola, ¿es aquí donde se viene a exteriorizar el maltrato psicológico al que te ha sometido tu expareja durante un año? ¿es aquí donde se viene a destapar a un machista agresor que se ha aprendido el discurso feminista de pe a pa? ¿es aquí donde se viene a descargar toda la rabia y frustración que se siente al darte cuenta (una vez mas) de que te han engañado descaradamente? ¿es aquí donde al escribir te curas? ¿es aquí donde no te vas a sentir cuestionada?
Sea o no sea aquí voy a hacer que aquí sea. Me he hartado de escribir en clave, de expresarme sin nombres, sin apellidos y camuflando todas y cada una de tus agresiones. Me he cansado de camuflarte, me he cansado de callarme, me he cansado de tus mentiras, me he cansado de ti, Eduardo.

Hace mas de un año, febrero del 2013 empezó esta mierda, esta mierda formada por ti y por mi, esta basura camuflada en la palabra “relación”. Esta mierda en la que se escondían mierdas aún mayores. Porque a ti cuando te preguntan o te han preguntado por “nuestra maravillosa relación” no has contado ni vas a contar todo lo que yo voy a poner aquí. Bueno, ahora quizá si, haciéndote un poquito la victima, lloriqueando un poco, haciéndote el sensible, guardando silencio para demostrar lo dolido que estás, hablando de patriarcado para que las demás vean lo mucho que te has revisado… en fin, sin abandonar tu papel de machito feminista.

Un año da para mucho, dan para muchas malas miradas, malas palabras, malas contestaciones, dan para muchas actitudes que hagan sentir a la otra persona fuera de lugar, dan para muchos cuestionamientos, dan para muchas actitudes machistas camufladas.
En un año pueden pasar muchas cosas, puedo hablarte de relaciones abiertas y tu responderme con el discurso posesivo. Puedo comentarte mis dudas respecto a mi orientación sexual y que tu respuesta sea hacerme sentir culpable con tus miradas y palabras. Puedes incluso quedar con mis mejores amigos para hablar de mi a mis espaldas, de mis relaciones con mujeres y poner encima de la mesa mi heterosexualidad impuesta alegando que “ese bollerismo” es solo una reacción a una mala etapa de mi vida y que “ya se me pasará”. Puedes incluso consensuar con mis amigos una mentira para que si yo os pregunto sobre que habéis hablado tengáis una respuesta común. Puedes incluso no dirigirme la palabra porque he bebido y he vomitado en el váter de tu casa. Puedes mirarme mal durante más de 30 minutos sin dirigirme la palabra para que sienta la culpabilidad de mi borrachera. Puedes hacerte la victima e incluso llegar a llorar porque no me corro con tu polla y si con tus dedos. Puedes hacerme llorar a mi de impotencia por intentar explicarte que no es lo mismo la penetración que la masturbación. Puedes inventarte que te pone mas el sexo oral de rodillas y cambiar el discurso cuando me opongo a practicarlo así. Puedes menospreciarme, infantilizarme, interrumpirme, ridiculizarme, cuestionarme e ignorarme. Puedes mentirme a la cara. Puedes hacer que te crea a las espaldas. Puedes ser un maltratador de mierda y no haber hecho ni hacer ningún tipo de revisión de privilegios o hacerla solo y únicamente cuando veías que lo que tenias peligraba. Puedes ser el ser mas despreciable que haya pasado por mi vida. Puede que me hayas hecho rivalizar con miles de personas por tus ansias de tenerme. Puede que en algún rincón de tu inteligente mente pensases que lo tenias todo atado. Puede que en algún momento creyeses que no iba a salir a la luz o que yo no me iba a enterar de la mitad de cosas que se a día de hoy. Puede que ni me conozcas, porque la persona que estaba contigo estaba comida por ti, por tus sucia mente de maltratador psicológico de mierda, porque la fuerza que tengo ahora no me la has dado tu, me la he dado yo sola, de hecho ya la tenia, y no puede, sino que se seguro que temes esa fuerza que se te ha ido de las manos y ha escapado de tu control.

Ahora haz que lloras o incluso llora de verdad porque todo está saliendo a la luz, llora o haz que lloras delante de la gente a la que quieres mantener, quédate en silencio, o mejor, habla de lo mucho que has hecho por mi y de lo mucho que se me ha pirado la cabeza. Habla de lo locas que estamos cuando le ponemos nombre a la VIOLENCIA MACHISTA. Luego ten los cojones de decir que no quieres tratarlo en asamblea porque no estás preparado. Te preocupaste tu a caso de mi preparación cuando me hacías sentir culpable por irme de vacaciones con mis amigos? te preocupaste tu de mi preparación cuando me imponías tu palabra? te preocupabas tu de mi preparación cuando me mentías a la cara una y otra vez? te preocupabas tu por mi preparación cuando me hacías sentir como una autentica mierda? No lo creo, es más, no, estoy completamente segura.

Nunca debí creer aquellas palabras que le dijiste a ella por teléfono cuando te llamó para decirte el asco que dabas “ya no soy así” decías y dices mientras reproducías y reproduces una y otra vez lo mismo que criticabas.

No solo duelen los golpes – 1 –

Hoy escribo para desahogarme, para desahogarme después de dos años de intoxicación. Escribo para denunciar, una vez más, el machismo presente en las relaciones de pareja. Vengo a hablar del maltrato psicológico, y ni siquiera sé si esto acabará publicado o no, ni lo escribo para que quede bonito o con un toque poético; sólo vengo a desahogarme.

Durante dos años me insultaste; me gritaste; juzgaste en qué gastaba o no mi tiempo (porque sí, aunque no te lo creas, tenía cosas más importantes que hacer que estar contigo, o simplemente me apetecía pasar el día sin hacer nada, y podría haberlo hecho con todo el derecho del mundo si no fuera por esa dependencia y esa sumisión que creaste en mí); me humillaste no sólo una vez, sino todas las que pudiste; te reíste de mis opiniones cuando eran contrarias a las tuyas, con esa actitud de superioridad que te caracteriza, esa prepotencia por la cual nadie te soporta y que no sé cómo yo soporté tanto tiempo. Amenazarme se convirtió en algo habitual en nuestras discusiones, y dejar que yo sola hiciera las tareas domésticas cuando pasabas unos días en mi casa sin ni siquiera preguntar si necesitaba ayuda mientras dabas discursos sobre la reconstitución del partido comunista y sobre la liberación de la mujer también. Insistías en follar cuando yo no quería, pero claro, eso te importaba una mierda; insistías e insistías hasta que yo cedía, como si eso suponía despertarme porque estaba durmiendo, violaciones “consentidas” se llama eso. Hacer que me sintiera culpable por absolutamente todo también se convirtió en algo frecuente, y controlar todos y cada uno de mis movimientos también, hasta el punto de hacerme cortar relación con uno de mis mejores amigos para que tú te sintieras mejor, menos celoso; porque hablar de las relaciones libres es muy fácil, pero ponerlas en práctica ya es distinto, ¿no? Típico de vosotros, os embebéis de teoría y en la práctica sólo demostráis cuán hipócritas sois realmente y lo poco dispuestos que estáis a renunciar a todas las comodidades. Después estaba esa agresividad tuya, esa agresividad que hacía que en las discusiones se te encendieran los ojos, hicieras movimientos bruscos, gritaras e incluso me dieras empujones… Juro que llegué a tenerte miedo. Por miedo me callé opiniones, quejas y retrasé cada vez más mi decisión de alejarme de ti. Hiciste que me acomplejara con mi cuerpo mientras yo estaba a gusto conmigo misma, hasta el punto de casi obligarme a ir a una farmacia para pesarme y de hacer ver cuando debería estar más gorda o más delgada, como si mi cuerpo no fuera cosa mía. Me anulaste, me anulaste como persona. Intentabas hacer ver que me ayudabas a quererme más, a no ser tan dura conmigo misma, mientras que cuando sólo yo te veía hablabas de mi “minúscula personalidad” y de lo “débil” que era, e incluso eras tan buen actor como para hacer que se te escapaban un par de lagrimitas reprochándome lo poco que hacía yo por esa mierda que tu llamabas relación mientras tú te desvivías por mí. Pobrecito de ti, estabas muy ocupado en tu tarea de acabar siempre por encima de mí y tenerme bien dominada. Hiciste que me alejara de mis amigos cada vez más. Me recriminabas que cada vez perdiera más interés por la política mientras que cuando daba mi opinión sobre algo me contestabas que “hablara sólo de lo que sabía: de literatura, danza y esas cosas, pero no de política”. Me llamaste “liberal empedernida” cuando me emocioné con lo que escribió C. en su blog sobre Edu, porque me sentí identificada con ella. Pero claro, ella sólo era una burguesa que lo exageraba todo y que achacaba todos los problemas de la relación a Edu como buena feminista.

Y lo cierto es que me cansé. Me cansé de todos tus intentos de anularme, de tus juicios, de tu control, de todo. Y para colmo, después de acabar con esta mierda, viniste exigiéndome (sí, exigiéndome) explicaciones de una decisión que no tengo por qué argumentarte a ti, más aún tras todos estos hechos. “Me debes una explicación”, dijiste con ese orgullo de macho herido, dándote cuenta de que por fin me había liberado de ti, de esa persona tan tóxica e insana. Querido, no le debo nada a nadie, y menos a ti, no intentes hacerme sentir culpable porque eso ya no funciona conmigo. No te imaginas, no te haces ni una idea de lo libre que me sentí en aquel momento. Ya no me ataba nada a ti, por primera vez en mucho tiempo hacía lo que quería sin tener ningún tipo de miedo ni sentir que debía justificarme, poco a poco volvía a ser yo, me recuperaba a mí misma, a esa persona a la que había olvidado después de dos años. Comencé a leer lo que quería sin miedo a que me criticaras porque el autor de mi obra no fuera Lenin. Comencé a redescubrirme, y es una tarea que dura hasta hoy día. No me considero la persona más fuerte ni más valiente del mundo, pero lo cierto es que no has podido conmigo, con esa “minúscula personalidad”, con esa chica tan “débil”. Me ha costado, y ojalá lo hubiera hecho antes, pero por fin te he expulsado de mi vida antes de que tú acabaras con ella; porque no, no quiero tener trato con una persona tan despreciable como tú, ni siquiera como amigo o conocido. No quiero tener relación con machistas de mierda, con maltratadores; le deseo lo peor a todas las personas como tú, Alberto.

Desde aquí quiero dar las gracias a todas las personas que nunca me han abandonado, a las que me han ayudado a seguir adelante, dándome fuerzas cuando él me hizo creer que no las tenía. A pesar de las diferencias ideológicas, me habéis demostrado mucho más que cualquier comunista, y os considero compañeras (¡ahora podéis llamarme pequeñoburguesa si os place, me da igual porque soy una “liberal empedernida!).