El patriarcado es diario y MATA

Tenia que recorrerme la linea 1 entera para llegar a donde había quedado. Me he subido al vagón y me he puesto a leer de pie hasta que se ha levantado alguien, me he sentado en el segundo asiento que separa el siguiente con un reposabrazos, al otro lado del mismo había dos chavales de unos 35 años, en un momento determinado he dejado de leer y he oído lo que estaban diciendo:

-La muy asquerosa me denuncia para quedarse con e hijo…. blablabla y ese tema maravilloso sobre denuncias falsas con verdades a medias en la que nunca cuentan como las menosprecian, pegan y hacen maltrato psicológico.

Yo me he puesto un poco nerviosa y les he mirado un poco mal, pero he seguido leyendo sin concentrarme, hasta que he oído:

-Luego se quejan cuando las matan, normal que las maten. La pegaba una ostia y la dejaba ahí….

Entonces me he empezado a poner nerviosa, a temblar, a acumular rabia, ira y miedo al mismo tiempo. Les he vuelto a mirar mal y un hombre más mayor que estaba en frente me ha visto. Iba con ellos y se ha puesto a hablar de fútbol con los dos. Yo he cogido el boli y he pintado en el reposabrazos “¡NO ESTÁS SOLA!” y el símbolo de la mujer.
Entonces el que estaba al lado del reposabrazos me ha mirado y me ha dicho:
-¿Que tal las cuentas? -riendose
Le he mirado fijamente a los ojos y no le he contestado, solo le he mantenido la mirada dos segundos de muy mala manera.
El chaval ha mirado al de en frente y le ha dicho:
-Ahora apoyo el brazo y me mancho eh?
Y me ha vuelto a pedir explicaciones, que por qué lo hacia, o algo así. A lo que yo le he dicho:
-Para que dejes de hablar de matar mujeres.

Entonces se han puesto los dos de 35 nerviosos a gritarme, a decirme que no tenia ni idea, que no tenia ni idea de lo que estaba hablando
-Yo se perfectamente de lo que estoy hablando -he dicho
-No tienes ni puta idea.
Entonces el hombre mayor que iba con ellos (que era su padre) me ha dicho:
-Cuida las formas niña, no hables así
Y yo le he dicho
-Hablo como me sale del coño.
Entonces uno de los que estaba a mi lado, el segundo se ha puesto a gritarme:
-A MI PADRE NO LE HABLAS ASÍ, NO LE FALTAS AL RESPETO
y yo le he gritado:
-ENTONCES TU DEJA DE FALTAR EL RESPETO A LAS MUJERES JUSTIFICANDO LA VIOLENCIA MACHISTA

Ninguna de las 30 personas que había en el vagón ha dicho absolutamente NADA, solo un señor que había enfrente mio me ha mirado y me ha dicho:
-Ya tienes una edad no?
El que me había gritado me ha dicho
-Tenias que ser hombre
y yo le he dicho:
-Y tu tenias que ser mujer
-Si fuese mujer me levantaba, te cogía de los pelos y te breaba a ostias
y yo he dicho:
-O sea, denuncias falsas?
Entonces el hermano que estaba a mi lado ha dicho:
-DIOS, ES QUE LA PEGO UN CODAZO Y LA REVIENTO LA CABEZA CONTRA EL CRISTAL

Yo no podía mas con la impotencia, el miedo y la rabia (entre otras mil sensaciones y emociones) y he decidido levantarme y bajarme del anden para coger el siguiente tren, pero necesitaba llorar así que he subido a la salida (Buenos Aires) para pillar cobertura y llamar a una amiga que me ha calmado un poco. Mientras subía llorando, estaba vigilando mis espaldas por si venían detrás.

Lo estoy contando como recuerdo, pero me estoy dejando bastante cosas en el aire de las que ni era consciente que estaban pasando, aún así creo que lo mas ‘jarto’ está recogido.
No es el hecho en sí lo que me sorprende, puesto que precisamente el patriarcado engloba todo esto, sino la soledad a la que me he enfrentado, la incomprensión y encima la recriminación por defendernos.

¡Las calles, la noche, los espacios públicos TAMBIÉN son nuestros!

 

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Fuera machistas de nuestro bando

No es la primera vez que se habla en este blog de la facilidad que presentan las redes sociales para ocultar la verdadera personalidad de algunos usuarios de estas. Por eso, hoy de nuevo, venimos a advertiros mediante unos hechos que hemos sufrido unas cuantas mujeres a través de Twitter. Es un comunicado conjunto de varias de las afectadas, aunque realmente no podemos afirmar un número exacto de victimas. La historia comenzó cuando dos de nosotras nos pusimos en contacto y descubrimos, a través de nuestra conversación, que teníamos relación en común con un twittero. Nuestra sorpresa vino cuando descubrimos que este chico estaba jugando a varias bandas, y no solo con nosotras dos. Es muy importante resaltar que la sorpresa fue mayor porque este chico del que hablamos es un gran defensor del feminismo y siempre ha estado apoyándonos en nuestra lucha, dejando claro que en este caso lo ha usado como ventaja para ligar con nosotras, engañando a la vez a muchas. Nos ha ninguneado, mentido y manipulado con su supuesto feminismo.

 

La historia empieza cuando una de las chicas comenzó a seguirlo en TW, siguiendole el también a ella. Al poco tiempo empezaron a hablar por DM y a esta chica le pareció un chico con las ideas claras, concienciado y, en definitiva, una persona con la que le agradaba tener contacto. Empezaron a tontear, incluso llegaron a hablar de una posible visita por su parte a la ciudad de ella para conocerse en persona. No volvieron a mencionar el tema, pero continuaron hablando con esa misma actitud de tonteo, siendo evidente el claro interés de ambas partes en seguir con “la relación”. Cuando nos pusimos en contacto entre nosotras, como hemos expuesto anteriormente, nos dimos cuenta de que teníamos una historia muy similar, comenzando la segunda historia, casualmente, un par de meses después de haber conocido a la primera afectada. Hablaba con las dos a la misma vez, de forma simultánea, con la misma actitud y con el mismo fin, que era el de verse en persona para afianzar esa “relación”. Con la segunda chica la situación fue a más, ya que se vieron un par de veces, llevando el engaño a la “realidad”. Cuando descubrimos el caso, nos vimos profundamente decepcionadas porque era lo contrario a lo que él parecía vendernos, pero lo más impactante fue la manipulación de su postura “feminista” para beneficio propio, sin ningún tipo de remordimiento a la hora de jugar con los sentimientos de las mujeres, a las que tanto defendía con sus alardes feministas. Nos hacia creer que realmente sentía cosas por nosotras, sin darnos, realmente, ningún motivo para dudar ya que su actitud con el resto de personas es totalmente ejemplar. La cuestión es que nos chocan ambas realidades, sobretodo si atendemos a su faceta feminista, mostrando siempre públicamente una postura clara y afianzada a nuestro lado en la lucha.

 

Por último, decir que hemos querido denunciar públicamente esta historia porque en nuestra lucha no necesitamos a estos machistas infiltrados que no nos benefician en absoluto. También queremos que se sepa porque no nos parece justo que este tipo de personajes sigan actuando con total impunidad haciendo y deshaciendo a su antojo, jugando con los sentimientos de las mujeres, aprovechándose de que les damos toda nuestra confianza.

¡Fuera machistas de nuestro bando!

Cánones patriarcales

Es la primera vez que me atrevo a contar esta historia. Tengo 20 años, a los 6 empecé a hacer gimnasia rítmica. No sé si sabéis cómo es el prototipo de gimnasta, pero más o menos así: alta, atlética, poco pecho,  con piernas muy largas y muy delgadas. Yo nunca he cumplido esos cánones. Soy de estatura media, no soy delgada, aunque tampoco tengo sobrepeso, tengo muchas curvas y unas piernas muy musculadas (debido, irónicamente, a todas las horas de entrenamiento).  Desde pequeña veía que no encajaba físicamente, pero me sentía tan bien cada vez que pisaba un tapiz que dejar de practicar este deporte no entraba en mis planes.

La primera vez que mi antigua entrenadora me dijo que tenía que perder peso, se me vino el mundo encima. Empecé con las dietas, con los problemas de autoestima, a ver feo todo aquello que no encajara dentro de los ridículos y diminutos márgenes que ofrecía este deporte. Por otro lado la situación en casa no ayudaba. Mi madre, desconocedora de la situación por la que estaba pasando, me presionaba inconscientemente para adelgazar diciendo frases como: “¿Vas a comer eso? Mira que dentro de poco empiezas las competiciones” o “¿No te tengo prohibido comer guarrerías?”

Llegó el día que quedé bien posicionada en una competición importante y ascendí de categoría, era tremendamente feliz porque hasta entonces ninguna gimnasta de mi club lo había logrado. Esa tarde me llegó este mensaje a una red social:

“Hola !!
tu has competido hoy, no? 
Y… no te han dicho tus entrenadoras, que si no adelgazas un poco te echan? esque… me parece, de que estas un poco gorda, para poder estar en gimnasia ritmica, porque… tienes un cuerpo… 
No te lo han dicho tus entrenadoras eso de que tienes que adelgazar?
Esque estuve compitiendo yo tmbn , y … te vi, y todas las niñas decian de que estabas gorda, y algunas entrenadoras como 9 o 10 estuvieron hablando de tu cuerpo pero bueno:
Yo por tu propio bien , adelgazaria un poco porque… si estas GORDA , no pegas mucho para gimnasia ritmica porque aparte las gordas, no teneis mucha flexiii ni nada pero… que intentes adelgazar un poco BASTANTE ! porque madre miiaa… 🙂
Adios ! mandame un mensaje privado para aver como te as tomado esta opinion de varias personas ! :O”

No sé las horas que pasé llorando, ni los días que tuve ese mensaje en mi cabeza. Esto, unido a mis complejos, a que mi entrenadora me incitase a perder peso, y a mi pequeña y frágil autoestima, me hundió. Intenté dejar de comer, pero no era fácil, ya que era imposible que pasase desapercibida en casa. Aún recuerdo la primera vez que vomité, me encerré en el baño y puse la música alta para que nadie escuchara mis arcadas. No pensé que fuera capaz de hacerlo, pero lo hice. Cada vez que vomitaba, se me saltaban las lágrimas y me quemaba la garganta, pero sentía cómo me vaciaba de comida, complejos e inseguridades. Pronto comencé a no poder aguantar los entrenamientos, me mareaba habitualmente, así que los días que tenía que entrenar, procuraba no vomitar. para poder soportar las 3 horas sin marearme.

Por un lado mi cabeza me decía que aquello no estaba bien, así que en momentos de lucidez comía, pero después me embargaba tal sensación de asco que no podía evitar el querer vomitarlo.

Hoy, desde fuera, recuerdo ésto y aún siento cómo se me encoge el estómago. No me avergüenzo, no lo niego, ya no lo sufro, sólo siento haber permitido que esto llegara tan lejos y no haber tenido más confianza en mí, en lo que yo era capaz de hacer.

Ahora miro mis piernas y me alegro de tenerlas, puede que la sociedad no las considere las más bonitas, pero andan, corren y saltan, que ya es más de lo que (desgraciadamente)  otras personas tienen. Me miro al espejo y no busco defectos, sino que intento quererme cada día un poco más. Ahora agradezco tener la oportunidad de seguir practicando el deporte que amo y que me hace inmensamente feliz.  No dejéis que nadie os pisotee, todes vosotres tenéis un tremendo potencial dentro y muchísimo que ofrecer. De todo se sale y todes nos apoyamos.

 

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Enfermedades patriarcales.

Mi historia comienza cuando sólo tenía 11 años, yo era una niña, hasta que en el colegio comenzaron a meterse conmigo. Estaba gordita y no era para nada prototipica. Las que eran mis amigas comenzaron a rechazarme llamándome “gorda” y metiéndose conmigo constantemente e incluso hicieron un dibujo de mí en el que me humillaban y lo pusieron en el corcho de la clase.  Jamás he sentido tal humillación.

Ahí comenzó el odio a mi misma, la autodestrucción.

Mi paso al instituto no mejoró la cosa, acomplejada y con miedo, era como “un corderito en una jaula de leones”. Los dos primeros años fueron lo peor de mi vida, me pusieron aparato en la boca, lo cual fue un motivo más de burla. Aumentaron mis complejos, y comencé a provocarme los vómitos, no lo hacía regularmente pero lo hacía, me daban ataques de ansiedad en los que corría a meterme los dedos en la boca, a soltar todo creyendo que así se iría también el odio interno. Pero no, el odio aumentaba y comencé a hacerme cortes. No recuerdo cuando ni porqué sólo recuerdo que era la única vía de escape que tenía, cientos de cortes en mis brazos, piernas, tripa… En casi todo el cuerpo. Escapé de mi control. Lo único que me movía era el odio.

Vivía ocultando lo que me pasaba a mi familia y a mis amigues, pero era imposible. Mis amigues intentaban ayudarme, pero toda ayuda era en vano, nadie podía hacerme cambiar mi visión de mí. Estuve varios años cayendo y saliendo de esto, vivía escasos momentos de alegría y largas depresiones.

Pasé varios años así hasta que llegué al el precipicio y justo en el momento en el que me veía caer en la bulimia definitivamente y hundirme en la depresión, cuando me vi perdiendo todo lo que quería y autodestruyendome cada vez más, justo en ese momento vi que yo no deseaba eso, ni lo merecía, que nadie me diría más como es la perfección, como es la belleza, que nadie más, ni si quiera yo, me haría volver a sentir que no merezco lo que tengo o que no merezco que me quieran.
Comencé a trabajar para salir de ahí, empecé a ser feliz.
Esta historia todavía no tiene punto y final pues el trabajo para desechar las ideas patriarcales sobre la “perfección” y la belleza prototipica es largo y tedioso pero sé que lo conseguiré, podré poner punto y final de una vez y comenzar otro capítulo de mi vida con una sonrisa.

 

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Autodestrucción patriarcal

Hace ya unos años, a mí empezó a gustarme un chico. Por aquellos años, yo estaba bastante gordita pero lo cierto es que hasta ése año, nunca nadie se había metido conmigo por ello.

El chico iba a al mismo lugar en el que yo estudiaba pero era un año más mayor.
Yo era una chica sin muchos amigos, la verdad. Casualmente las amigas de ese chico comenzaron a hablar conmigo y a ”interesarse” por mí. Tras varios meses las conté que é me gustaba  para ver si podían ayudarme a conocerle más.
Un día al llegar a casa encontré un mensaje por una red social; el mensaje era de él. A partir de ahí estuvimos hablando muchas semanas y un día me dijo que quedáramos que tenía que decirme algo.
Cuando llegué al sitio en el que habíamos quedado, estaba él con sus amigos y amigas (cosa que me extrañó bastante) . Delante de ellos me dijo ” lo que tengo que decirte es que nunca estaría con alguien como tú. ¿ Tú te has visto ? Por favor quién querría estar contigo, si estás gorda como una vaca y además eres un orco” .
A partir de ahí, entré en una autodestrucción total. Sufría acoso y burlas en mi centro de estudio, y constantemente se me recordaba lo ocurrido aquél día.
Pensaba que no era lo suficientemente buena como para que un hombre quisiera estar conmigo, y que por tanto, no valía absolutamente nada.
Comencé a vomitar la comida, para adelgazar y sentirme ”más guapa” .
Cuando mi peso comenzó a disminuir, seguía recibiendo insultos aunque ahora ya no solo eran hacia mi físico.
Un día me miré al espejo y me pregunté ¿ por qué si ahora que estoy con el físico que elles desean se siguen metiendo conmigo? ¿por qué sigo sola? ¿qué es lo que quieren de mí ? Olvidé que lo que importaba de verdad era lo que yo quisiese de mí; lo que yo esperase de mí.
Con ayuda de especialistas corregí mis trastornos alimenticios pero aún quedaba algo que sólo podemos resolver nosotras mismas.
Nos han hecho creer que si no tenemos un hombre que nos ame, no valemos nada. Y que para que ese hombre nos quiera, debemos cumplir una serie de requisitos. Nos lo han inculcado a través de películas, música, etc.
Yo comprendí que no necesito un hombre para tener autoestima, que no por tener un cuerpo que cumpla los estereotipos voy a ser más feliz; yo entendí que el primer amor de una mujer y el más importante es su amor propio. Y sólo teniéndolo, podrás ser la mujer que tú quieras ser, y no la que el sistema te exija.
 
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El violador es el único culpable

Ocurrió hace unos días, una noche de San Fermín conocí a un chico. A pesar de que, yo no me suelo liar con cualquiera, esa noche estaba a gusto y me apeteció irme con él.

Pero una vez que estuvimos a solas, él ya no era tan agradable como antes, entonces yo me arrepentí de mi decisión y le dije que me quería ir, lo cual, él no se tomó bien. Me empezó a gritar cosas como “no puedes ser así”, “ahora no me vas a dejar con todo el calentón” Yo seguía diciéndole que quería irme, que no me apetecía estar ahí con él, pero cada vez me daba más miedo. No se levantaba de encima mía, seguía besándome el cuello. Yo empecé a ponerme cada vez más nerviosa, no sabia que hacer. Al final me la metió, mientras lo hacía, yo solo podía decirle que parase, por favor, que me estaba haciendo daño, pero él seguía y seguía.

Cuando terminó se levantó, se quedó unos segundos mirándome y se fue a toda ostia. Yo seguía inmóvil, sin saber que hacer, al rato ya espabile y conseguí irme a casa. En ese momento empecé a sentir mucho asco hacia mi misma, rabia mucha rabia, un sentimiento de culpa impresionante. Ahora ya han pasado unos días, pero sigo igual, no puedo dejar de darle vueltas y me siento fatal.

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“Ya nos veremos las caras”

Hace cosa de un mes, iba yo (16 años) con mi prima (15 años) por la calle, nuestro barrio es famoso por la panda de cerdos patriarcales que puedes encontrar por cada metro que caminas, ofendiéndote con los típicos piropos machistas por el simple hecho de llevar pantalón y, claramente, ser mujer.

 

El caso es que acabábamos de salir de casa de mi prima y pasando una calle estrecha un hombre nos empezó a seguir en bicicleta, decidimos ignorarlo ya que normalmente nos ocurrían cosas parecidas pero esta vez el hombre se nos puso delante, cortándonos así el paso.

Empezó a acosar a mi prima, diciéndole que por qué le ignoraba siempre que le tiraba piropos y que ‘si le ignoraba por ser negro’, yo le argumenté diciéndole que tirar piropos y otras cerdadas era algo machista y por ese simple motivo no le iba a hacer caso, independientemente de que sea negro o no. El hombre siguió acosándola exigiéndole que le diera su móvil y que un día quedaran, ella le dijo que no tenía y le siguió insistiendo, en todo caso yo le dije que íbamos a nuestra casa y le traeríamos un teléfono de contacto apuntado en un papel, que nos esperara 5 minutos, tras esto nos fuimos corriendo como pudimos y no volvimos por esa calle.

El caso es que hace dos días mi prima se lo encontró y se le acercó diciéndole ‘que a le habíamos vacilado y que a el ni dios le vacilaba, que ya nos veríamos las caras’.

 

Tras esto os lanzo una pregunta: ¿Sigo siendo una feminazi por pensar que esto se nos está echando encima?

 

Respondemos :

El concepto de “feminazi” no existe, es terminología patriarcal creada para quitarle valor e importancia al feminismo, radicalizarlo. Recomendamos leer esta entrada para comprenderlo mejor: “La mitología patriarcal y sus peores monstruos.”

A pesar de esto, entendemos tu cuestión. Somos plenamente conscientes -y así debe seguir siendo- de que no somos “radicales” por ver como el patriarcado se nos echa encima diariamente, es un hecho. Pero no podemos conformarnos con “protestar” únicamente, debemos concienciar a las mujeres que no sienten esa opresión, y a los hombres que al no sentirla pueden desmarcarse con más facilidad; y por supuesto, debemos combatirlo, no podemos permitir que haya agresiones sin respuesta.

 

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