Amor romántico

No te quiere, ni te quiso, no quería compartir su felicidad contigo, ni que tu compartieses la suya con el, no quería crear contigo, quería quererte, tenerte. Y eso es lo contrario a todo lo anterior. Quien te posee, no te quiere.

No se desde que posición plasmar todo esto, así que lo haré en primera persona a veces y otras tantas lo cambiaré a tercera, para que me resulte mas sencillo.

La comodidad es clave, la confianza es básica, si no están no las busques, no intentes buscar detrás de las piedras lo que no ves en la tercera vuelta. No lo busques porque no está, porque de tanto buscar algo inexistente terminarás creándolo falsamente y manteniendolo creyendo que es de verdad. Te creerás la mentira de que detrás de aquel pedrusco hay una flor y querrás mantenerla, sin verla, sin sentirla, solo hablando de su aroma, de su color, de su forma. Pero esa flor es inexistente, no está y no va a estar por más que la describas.
Perderás un año de tu vida haciendo tangible algo intangible. Perderás un año intentando que esa nada CAMBIE y se convierta en una flor. Perderás la paciencia y terminarás mandando la nada a la basura, esa nada que hasta ella misma se ha creído que es esa flor que tu creías que era.

De locas ¿verdad? No tiene sentido ni para mi, pero refleja todo, o casi todo, refleja la desilusión, la desgana, la perdida de paciencia, la desconfianza, la traición, la rabia, la impotencia, la incomprensión. Refleja fuerza por ponerle palabras no explicitas, refleja lucha, rebeldía, inconformismo, insumisión.

Refleja quitarse las vendas y enfrentarse a la realidad. Al fin y al cabo eso es lo que refleja, realidad, sociedad patriarcal.

c.

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Represión heteropatriarcal

Lo cierto es que a mi de pequeña nunca me hablaron de sexo con la naturalidad con la que yo lo hablo. Es un tema peligroso ese de la libertad sexual, no vaya a ser que te libere de una de esas cadenas del heteropatriarcado.
Es un tema que muchas hemos descubierto solas, evadiendo los nudos en la garganta y los silencios incómodos de las personas a las que les preguntábamos sobre ello. Un tema que muchas hemos investigado hasta ponerle nombre y que al ponerle nombre, hemos seguido investigando.
Un tema que yo empecé a descubrir a escondidas en los baños del colegio con amigas y amigos, bajándonos los pantalones y tocándonos. Buscándole el por qué a ese “gustirrinin” en la zona genital cuando trepaba por la sujeción de metal del tobogán del parque. Un tema que muchas hemos mantenido en secreto y otras lo estamos gritando a voces porque a día de hoy, para mi es tan político como cualquier otro tema personal.

Cuando vamos creciendo y seguimos descubriéndonos sexualmente, irracionalmente interiorizamos que ellos pueden descargar sobre nosotras todo tipo de flujo que salga de sus cuerpos, y que nuestra función en el sexo heterosexual es hacerles disfrutar a ellos. Por tanto, nuestros orgasmos no serán más que su premio porque “te lo está haciendo muy bien” o “sabe darte lo que te gusta”. Por estas “pequeñas diferencias” que esta maravillosa sociedad nos ha otorgado, el puede correrse en nuestra cara, en nuestras tetas, en nuestro culo, en nuestra espalda o en nuestra boca, pero nosotras no podemos mantener relaciones sexuales mientras nos sangra el coño.

Todo esto (y mucho más) responde a esa interiorizada represión de naturalizar nuestros cuerpos. Esa represión sexual, que la hemos aprendido solas, solamente con la tele, solamente en la calle, solamente en el colegio, solamente en la sociedad. Y lo mejor, es que toda esta libertad sexual también la he aprendido sola, solamente con el feminismo.

 

Sin títkulo

Nuestro cuerpo es un campo de batalla

Somos las mismas que cuando teníamos 5 años íbamos a la playa en bragas, sin taparnos las tetas, las mismas que meábamos en una roca y nadie se escandalizaba, las mismas que gritábamos “me hago caca” y nadie nos juzgaba. Pero en cuanto te sangra el coño y tienes la capacidad biológica para cumplir tu función como lo que eres, olvídate de no taparte el cuerpo (objeto) ya que no es más que una provocación para ellos (sujeto), quienes van a dejar SIEMPRE claro en que posición estás tu y en que posición están ellos.
Y sino date un paseo por una playa (por ejemplo) a cualquier hora, cualquier mujer que no lleve sujetador será observada, juzgada, comentada e incluso tocada. Es impensable que pase lo mismo con ellos ¿no? Ellos van sin sujetador todo el tiempo ¿les decimos nosotras algo de sus tetas? Pues que dejen ellos en paz las nuestras que ni les hemos pedido opinión, ni la queremos.
Que pasa cuando tenemos la regla y nos convertimos en objeto de deseo para que no podamos expresar nuestras necesidades fisiológicas? si, tengo coño, si, tengo tetas y SI, cago, meo y me sangra el coño. E incluso a veces hasta meo, cago y me sangra el coño a la vez.

Nosotras poseemos un cuerpo que no nos pertenece porque es moldeado por la sociedad. Se nos hace ser cuerpo (objeto) pero se nos desposee de el.

“Necesito el feminismo porque en este sistema mi cuerpo no es mio.”

Ellos son activos
Nosotras somos pasivas
Ellos son cuerpo y mente. Cuerpo en riesgo, mente activa.
Nosotras somos cuerpo. Cuerpo procreador, cuerpo como objeto de deseo.
Ellos son sujeto.
Nosotras somos objeto.

Ellos son el sujeto activo que se impone sobre nosotras, que somos objeto pasivo que vive por y para ellos.

Desempeñamos el rol de cuidadoras de otros cuerpos menos del nuestro. No nos dedicamos tiempo, no nos cuidamos, no nos queremos.
Nuestro papel reproductor debe desempeñarse en una edad ni muy temprana (porque entonces no servimos adecuadamente como objeto de deseo, que lo da nuestra juventud. Las mujeres mayores dejan de ser socialmente mujeres), ni muy adulta (porque se nos pasa el arroz.)
Adaptamos nuestros ritmos a sus ritmos capitalistas. Somos capaces de ir a trabajar aún muriéndonos de dolor de ovarios (por ejemplo) porque si no produces, no sirves.
Somos por imposición heterosexuales.
No debemos disfrutar de nuestra sexualidad porque si lo hacemos somos unas putas.
Tenemos etapas en nuestra vida en las que nos falla la estabilidad emocional y entonces nos da por la promiscuidad o el lesbianismo.
Debemos ser complementadas por un hombre, a ser posible más mayor que nosotras, para que la jerarquía no sea únicamente de género, sino también cronológica.
No podemos expresar nuestras necesidades fisiológicas porque dejaríamos de ser femeninas, elegantes.
Nuestro cuerpo es frágil, no podemos desempeñar labores “de hombres”, o deportes de riesgo, no sea que se nos quede alguna cicatriz que nos dificulte ser ese objeto.
El cuerpo de ellos es socialmente un campo de batalla ¿y el nuestro?

Estamos hasta el coño de no poder sangrar, oler, cagar, mear, follar, tener pelos, hablar de sexo y comernos el coño entre nosotras.

Nos han desposeído de todo para hacerlo suyo. No nos dejan ser nuestras. Nuestro cuerpo es nuestro campo de batalla porque nuestro cuerpo es nuestro.

L.