Enero

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Amor romántico

No te quiere, ni te quiso, no quería compartir su felicidad contigo, ni que tu compartieses la suya con el, no quería crear contigo, quería quererte, tenerte. Y eso es lo contrario a todo lo anterior. Quien te posee, no te quiere.

No se desde que posición plasmar todo esto, así que lo haré en primera persona a veces y otras tantas lo cambiaré a tercera, para que me resulte mas sencillo.

La comodidad es clave, la confianza es básica, si no están no las busques, no intentes buscar detrás de las piedras lo que no ves en la tercera vuelta. No lo busques porque no está, porque de tanto buscar algo inexistente terminarás creándolo falsamente y manteniendolo creyendo que es de verdad. Te creerás la mentira de que detrás de aquel pedrusco hay una flor y querrás mantenerla, sin verla, sin sentirla, solo hablando de su aroma, de su color, de su forma. Pero esa flor es inexistente, no está y no va a estar por más que la describas.
Perderás un año de tu vida haciendo tangible algo intangible. Perderás un año intentando que esa nada CAMBIE y se convierta en una flor. Perderás la paciencia y terminarás mandando la nada a la basura, esa nada que hasta ella misma se ha creído que es esa flor que tu creías que era.

De locas ¿verdad? No tiene sentido ni para mi, pero refleja todo, o casi todo, refleja la desilusión, la desgana, la perdida de paciencia, la desconfianza, la traición, la rabia, la impotencia, la incomprensión. Refleja fuerza por ponerle palabras no explicitas, refleja lucha, rebeldía, inconformismo, insumisión.

Refleja quitarse las vendas y enfrentarse a la realidad. Al fin y al cabo eso es lo que refleja, realidad, sociedad patriarcal.

c.

Represión heteropatriarcal

Lo cierto es que a mi de pequeña nunca me hablaron de sexo con la naturalidad con la que yo lo hablo. Es un tema peligroso ese de la libertad sexual, no vaya a ser que te libere de una de esas cadenas del heteropatriarcado.
Es un tema que muchas hemos descubierto solas, evadiendo los nudos en la garganta y los silencios incómodos de las personas a las que les preguntábamos sobre ello. Un tema que muchas hemos investigado hasta ponerle nombre y que al ponerle nombre, hemos seguido investigando.
Un tema que yo empecé a descubrir a escondidas en los baños del colegio con amigas y amigos, bajándonos los pantalones y tocándonos. Buscándole el por qué a ese “gustirrinin” en la zona genital cuando trepaba por la sujeción de metal del tobogán del parque. Un tema que muchas hemos mantenido en secreto y otras lo estamos gritando a voces porque a día de hoy, para mi es tan político como cualquier otro tema personal.

Cuando vamos creciendo y seguimos descubriéndonos sexualmente, irracionalmente interiorizamos que ellos pueden descargar sobre nosotras todo tipo de flujo que salga de sus cuerpos, y que nuestra función en el sexo heterosexual es hacerles disfrutar a ellos. Por tanto, nuestros orgasmos no serán más que su premio porque “te lo está haciendo muy bien” o “sabe darte lo que te gusta”. Por estas “pequeñas diferencias” que esta maravillosa sociedad nos ha otorgado, el puede correrse en nuestra cara, en nuestras tetas, en nuestro culo, en nuestra espalda o en nuestra boca, pero nosotras no podemos mantener relaciones sexuales mientras nos sangra el coño.

Todo esto (y mucho más) responde a esa interiorizada represión de naturalizar nuestros cuerpos. Esa represión sexual, que la hemos aprendido solas, solamente con la tele, solamente en la calle, solamente en el colegio, solamente en la sociedad. Y lo mejor, es que toda esta libertad sexual también la he aprendido sola, solamente con el feminismo.

 

Sin títkulo

Terrorismo racista, machista y homófobo.

Podéis dejar de difundir las portadas de un periódico racista, machista y homófobo que con la excusa del humor se dedicaba y seguirá dedicándose a difundir mensajes de odio y a fomentar la opresión de todos los colectivos que no son hombre-blanco-cis-heterosexual. No os preocupéis, eso que llamáis libertad de expresión y que en realidad se trata a fomentar que la vida de mucha gente siga siendo una mierda, no está en peligro.

No vengo a justificar el asesinato de 11 personas inocentes, pero mientras sigáis llamando “musulmanes radicales” o “islamistas” a los que simplemente eran tres asesinos que estaban actuando en contra del Islam, estáis contribuyendo al estigma que la población musulmana sufre en Occidente. Por cada persona blanca asesinada por terroristas, hay 100 musulmanas. Son ellas las que de verdad sufren la violencia de grupos que ARMADOS POR OCCIDENTE se hacen llamar falsamente musulmanes, y además se ven por ello obligadas a soportar mayor estigma. Éste es un síntoma más del victimismo y egocentrismo blanco.

Dejad de disfrazar de ateísmo lo que es puro racismo y clasismo, nadie culpó al catolicismo de la invasión de Iraq y Bush dijo que Dios le pidió que lo hiciera. No son las religiones las culpables de las matanzas, es su instrumentalización por parte de los grupos de poder. Y también podéis ahorraros esa superioridad moral atea, no sois más inteligentes ni mejores personas, en nombre de la ciencia también se han cometido atrocidades. La religión es el dedo, el racismo y la financiación por parte de Occidente a grupos terroristas es la luna.

 

Por Ana.

Melow

Escribo para señalar una serie de actitudes patriarcales por parte de Melow que no han sido revisadas y se repiten reiteradamente. No estoy hablando de comportamientos aislados si no de un intento de anulación que considero necesario visibilizar de cara al resto de mujeres. No soy ni la primera ni la última y mucho menos tratándose de una persona que miente constantemente y maquilla su machismo siendo perfectamente consciente de este. Las autocriticas no son reconocer lo que has hecho según la situación, se demuestran día a día, actuando en consecuencia y desde luego no cayendo en lo mismo que se le ha señalado en varias ocasiones.

De la misma manera que cuando señalo opresión lo hago con el objetivo de revisión tanto con él como con todas las personas de mi cítculo. Quiero resaltar que aunque no sea mi deber ni como mujer ni como feminista, he hecho pedagogía con el muchísimas veces hasta que ha acabado con mi paciencia al repetir casi todas las cosas que habían sido señaladas previamente aunque las reconociese en su momento.
Dicho todo esto sus actitudes son las siguientes:

  • Coaccionarme evitando tratar temas que le cuestionan como agresiones pasadas que intenta ocultar y justifica desacreditando a las compañeras que le señalaron en su día.
  • Enviar conversaciones privadas y hablar sobre mi formación y mi trabajo político para desacreditarme y buscar apoyos
  • Tratarme como una loca y una exagerada insinuando que me invento sus agresiones varias veces después de haber sido señalado por ello.
  • Aleccionarme sobre mi opresión y rebatir mis criticas ejerciendo su privilegio masculino.
  • Imponerme el tiempo y los modos en los que señalar sus agresiones.
  • Insinuar que en mi espacio político no van a escucharme porque él es hombre intentando desempoderarme y silenciarme.
  • Victimizarse y justificarse cada vez que le señalaba.
  • Mentirme sobre una organización de la que es exmilitante y sobre compañeras de esta para manipularme y silenciarme.
  • Culpabilizarme para garantizar sus privilegios en varias ocasiones después de haber sido señalado, además de usar sentimentalismo y chantaje emocional.
  • Hablar en mi nombre después de advertirle que no se le ocurriera en varias ocasiones también, además infantilizándome y victimizándome cuando es perfectamente consciente de que en ningún momento me he callado ninguna agresión suya.
  • Instrumentalizar la lucha feminista para lavar su imagen pública cuando reproduce conscientemente lo mismo que denuncia.
  • No respetar mis análisis políticos e intentar convencerme de que son erróneos fomentando las inseguridades y el desempoderamiento patriarcal en el que somos educadas las mujeres.
  • Valorar y evaluar sus agresiones e intentar amoldar mis críticas en función de sus privilegios.
  • Acusarme de agresora desde su pedestal de privilegios por defenderme del acoso que él ha provocado.
  • Utilizar su privilegio de hombre para contar su versión sesgada de sus comportamientos machistas conmigo a mujeres a las que yo iba a acudir buscando su respaldo para aislarme otra vez.
  • Cosificarme tanto a mí como al resto de mujeres a las que utiliza según su conveniencia y su satisfacción.

Silenciar, invisibilizar y no posicionarse con respecto a agresiones machistas aunque vengan de “compañeros” nos debilita, nos desempodera, nos aisla y garantiza el orden social patriarcal contra el que luchamos.

Ninguna agresión sin respuesta, ningún agresor sin señalar.

Monogamia

Leyendo las vivencias de otras mujeres me he decidido a escribir la mía:
Empezó como todo lo que empieza, siendo todo perfecto y claro, siendo una relación monógama. Él se preocupaba por mí, me cuidaba… mucho amor sí. Pero comenzaron los celos por su parte, salir de fiesta con mis amigas suponía un problema y discutíamos.”No quiero perderte” a mí no me interesaba salir a conocer a ningún chico, solo salía a pasármelo bien, pero me sentía culpable si algún chico me entraba aunque yo no le hiciera caso. Y si se lo contaba, por que él me preguntaba, recibía un “ya te lo dije, sabía que iba a pasar, otros pueden ver lo que he visto yo en ti”. Me sentía fatal, pero no era mi culpa aunque entonces creía que sí.

Cada vez quedaba más con el y menos con mis amigas, porque me decía que quería estar conmigo y parecía que yo no sentía lo mismo. Cualquier chico con el que pasara tiempo “quería algo conmigo” por que sí, porque él omnipotente sabía lo que pensaban todos, y dejaba de hablar con ellos (sobre todo de fiesta, que no se me ocurriera hablar con ninguno porque estaba tonteando y provocando).

Comencé a agobiarme, no quería pasar tanto tiempo con el y me lo reprochaba, me agobiaba, no quería besarle y se enfadaba haciéndome sentir todos los días una mierda y me harté. Tanto me quería para él y solo para él que rompí la relación.
Entonces me sentía fatal, el lloraba y yo también, “ya estoy cambiando”. Cuando me lié con otro chico me puso de puta para arriba y así me llegué a sentir, encima sus amigxs me criticaban.

Volví con el, y todo empezó bien de nuevo. Pero si la primera vez ha ido mal no va a cambiar porque eso no pasa. Comenzó a agobiarme de nuevo, a reprocharme el no querer follar si no me apetecía. Me convirtió en alguien como él, empecé a tener celos y odiar a quién hablase con el. Al final de todo esto y por resumir, se lió con otra. Lo justificó diciendo que veía que ya no sentía lo mismo por el y que ella le hacía sentir que si le gustaba.

Después de pasarlo fatal y una relación tóxica de demasiado tiempo que me alejó de mis amigas, estoy mejor que nunca. Pudiendo hablar con quien quiera, sin un tío al que darle explicaciones. Nos han hecho sentir que necesitamos a alguien para estar bien y no es así.
Mucho mas sano es tener algo con alguien, chico en mi caso, esporádico donde nos lo pasamos bien y sin ataduras, estando ambos abiertos a conocer a quien sea, aunque socialmente eso no este muy aceptado y reciba criticas de amigas y de todos lados.

Anónimo – Recibido por e-mail. 

Agresores y complices

Un día de verano a las 9 de la noche mientras esperaba a un compañero en la salida de Atocha Renfe se me acercó un joven.

Bajo la atenta mirada de las distintas personas que se encontraban ahí, el chico empezó a hacerme diferente preguntas como ¿Tienes novio? ¿Cómo te llamas? ¿Va a venir tu novio ahora? . Mientras formulaba esas incómodas preguntas y yo le respondía con un: y a ti que te importa, se empezaba a acercar a mi, tanto (intentando susurrarme al oído) que me obligaba a apartarme. Le amenacé con pegarle una hostia si continúaba con su agresión y eso pareció gustarle aún más. Empezó a decir lo guapa que era y lo mucho que yo le gustaba. Decidí ignorarle por completo cuando entonces continuó: me pedía mi número de teléfono, me invitaba a ir con él, intentó acariciar mi pelo en varias ocasiones. Una de las veces que lo intentó, le advertí por última vez que como se acercara un paso más a mi le pegaría la hostia que llevaba rato deseando darle. Entonces me dijo que si no quería irme con él se iría y en un par de segundos me agarró una teta (como el que agarra una pelota desestresante), intenté engancharle para pegarle en cuanto note que me puso la mano encima, pero él salió corriendo. Después no pude correr detrás porque me quedé en estado de shock, sin entender qué había pasado y observando como todo el mundo me miraba. Las personas que se encontraban allí en las puertas de la estación (que no eran pocas) se quedaron mirandome fijamente durante bastante rato sin decir ni una palabra. No solo me sentí acosada por aquel joven, también por la mirada atenta de aquellas personas. Otro hombre que había estado al lado mío durante todo el acoso observando la situación (que duró más de 5 minutos) tan solo se digno a soltar un: ¡qué fuerte!, y continuó leyendo su periódico.

Si permites el acoso, eres cómplice del agresor.

-Anónimo-